Al chico del cercanías.

4:52

Hoy publico algo diferente. Reconozco que siempre me gustó escribir, aunque no se me de tan bien como a otr@s talentos@s que saben perfectamente qué puntos tocar para emocionarnos con la lectura.
Pensé en publicar mis textos en un blog a parte, pero una amiga me aconsejó que todo lo que soy lo publicara en un mismo sitio, todo en uno y no dividido. Y así hago, porque tiene toda la razón.
Espero que os guste mucho este primero, a pesar de ser el último que he escrito. Va dirigido a un chico que coincidió en mi mismo vagón cuando volvía de la Universidad. Obviamente, las cosas no acabaron como aquí las relato (no hubo tanta suerte, por desgracia...), pero vamos a imaginarlo y creer en los finales felices. 



"Quizá lo que nos pasó fue pura coincidencia. Como el hecho de montarnos en el mismo vagón del mismo tren y en asientos enfrentados.
A la misma hora punta como tu nariz, respingona y afilada, y con un arito en uno de los alerones que me recordaba al hulla-hop con el que jugaba de niña. Después de tantos años de práctica, cómo no iba a saber balancear bien mis caderas de lado a lado hasta llegar a ti.
Qué tierno fue verte dormir y escucharte respirar plácidamente. Justo de la misma manera en la que los rayos del Sol dibujaban tus facciones suaves y endurecían las rudas, como el contorno de tu mandíbula.
Dejabas los labios un poco entreabiertos enseñando tímidamente algunos de tus dientes que, al parecer, estaban un poco torcidos. Empecé a pensar que estabas jugando a provocarme. No me dejes mirar por el resquicio de la puerta si luego no me vas a dejar entrar… ¿O sí?
Entonces despiertas, sobresaltado, como si te hubieran quitado la respiración durante unos segundos y saboreas la primera bocanada de aire con mucha más intensidad. Miras por la ventana y esperas un momento a que tu corazón baje de frecuencia y llegue a un ritmo cardíaco estable. No has perdido tu parada, tranquilo. 
Te acaricias tu cara desnuda con apenas unos cuantos pelillos que algún día podrían ser parte de una espesa barba, pero no por ahora. Me gusta más la inocencia que desprendes con esa carita de niño bueno.
Y me ves. Y no es por echarme flores, pero te sorprendes. Y te sonrojas y te arden las mejillas como dos chimeneas que podrían calentarnos en invierno. Y sí, lo digo en plural porque imaginar es gratis.
Puedo escuchar todo el barullo del tren pero, sin embargo, nuestro espacio está tan en silencio que parece que hemos creado una burbuja aparte. Nuestro propio tren, con nuestra propia dirección e itinerario. Yo sabría muy bien por dónde empezar, en ti.
Te repasas los labios con los dedos y te detienes en tu comisura derecha. Ojalá yo poder acercarme a tus vértices.
Menos mal que estás escuchando música y no mis fantasías, porque a veces me da por pensar en voz muy alta y eso sería una catástrofe. Imagínate, huirías de mí en la próxima estación y no quiero.
Y hablando de estaciones, como me gustaría volver al verano. Seguro que tu cabello castaño destila mechones de oro.
Ahora me pregunto qué escuchas y con qué canción te quedaste dormido. Dime, ¿Extremoduro o los Artic Monkeys? Si me respondes que los Scorpions me tienes más que ganada.
Siento que me miras y ahora soy yo la que me sonrojo. Desvío la mirada brusca y torpemente, y a pesar de que eres consciente de que me has puesto nerviosa, insistes en no enterrar el arma de guerra.
<<¿Dónde te bajas?>> me preguntas.
<<En Atocha>> te respondo clavándote la mirada por primera vez.
<< Cuando te bajes, ¿podrías avisarme por si me quedo dormido otra vez?>> me vuelves a preguntar.
<<Sí, claro>>.
Y al momento vuelves a cerrar los ojos y yo me relajo de nuevo.
¿En serio no te sientes violentamente observado? ¿Ni si quiera puedes sentir el modo en el que te miro? Creo que empiezo a tener miedo de mí misma.
Espera, que esta es mi parada. Tengo que irme. No te volveré a ver (eso está claro), así que te diré que fue un placer observarte una vez en mi vida.
<<Perdona, me bajo aquí>> te digo llamándote con un toque en la rodilla.
Y de nuevo, el mismo proceso: te despiertas sobresaltado y traspuesto, como si te hubieran cogido de la nuca y te hubieran soltado en otra dimensión paralela. Te secas los labios y abres bien los ojos.
<<Vale, gracias>> me respondes con una sonrisa, enseñando abiertamente tus dientes algo apiñados.
Te sonrío, me levanto y de nuevo, meneando bien mis caderas como si estuviese bailando una canción de bachata, me dirijo hacia la puerta.
<<Adiós, chico del cercanías>> pienso. Seguro que te llamas Pablo. No sé, te pega.
Las puertas se cierran tras de mí y veo como el tren se aleja poco a poco hasta que va cogiendo más velocidad. “Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida” y me respondo: “pues vaya mierda, ¿no?”.
Alguien me toca el hombro y se coloca a mi altura. Desvío mi mirada hacia ti y lo primero que veo es un reproductor de música. ¿Con que Muse, eh?
Te miro gratamente sorprendida. He de reconocer que me pillaste con la guardia baja.
<<Yo también me bajaba aquí>> me dices divertido.
Y así fuimos. Nuestro propio tren con nuestra propia dirección."

-MGO.

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2 comentarios

  1. No es que entienda mucho del tema pero a mi me pareces muy buena escribiendo t me ha llegado sigue asi y mucho animo!

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    1. Ay, muchas gracias! Me alegra muchísimo que te haya llegado!
      ¡Un abrazoooo!

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